El empíreo se me infierniza mientras bailo el dolor recurrente que desde Totalia a mí llega. Soy el emperador del tiempo. Te bendigo, y me voy reaindiando en gobernar España o reinar en España desde mi luz de chocolate. Cancionando vengo, desde el fin de las epopeyas cada vez más todas de mis cielos. Se cumple el ciclo, y el hembrerío se deleita admirando mis ocasos. Gracias, doncellas de lo deleitable, por la manía de la fe. Nutro al universo desde los árboles.
Universalia y sus ojos de Concha Muguerza de Guzmán les dan la bienvenida a la literatura antiperenne, gestada en los ficheros de Ramiro, dios del universo por decreto mío. Y es que, desde el vamos, este autor celestioide atrapado en soledades, pinta su vida mestiza con colores nada, telas de invencible acoirisación. Felicidades eternas o infinitas, y siembra del peñarolear de toda luna hacia la lluvia que, desde su caer telepàtico, viene rinocerontando la vida. Concha, esa mujer española, es celada por las diosas que pasan por Alcalá afiebradamente y contemplan el recontrapiripipilar de este inaccesible autor, el pueblo.
RAMIRO GUZMÁN
RAMIRO GUZMAN